Javier Becerra: “Los Eskizos crearon una escena a su alrededor que iba más allá de la música”

Con tan solo cinco años de vida, Los Eskizos marcaron un hito en la vida de cientos de jóvenes coruñeses. Entre sus seguidores se encontraba Javier Becerra. Dos décadas después, el periodista presenta la biografía del grupo.

El periodista Javier Becerra. oto: Marcos Míguez.

Javier Becerra. Foto: Marcos Míguez.

El periodista Javier Becerra (A Coruña, 1975) acaba de presentar Los Eskizos. Electricidad a contracorriente (Ediciones Díscolas) una biografía sobre el grupo que en tan solo 5 años, a finales de los 80, dejó huella en la escena musical coruñesa. Tras 20 años de ausencia, el pasado mes de junio volvieron a los escenarios precisamente en el ciclo Los Conciertos de Retroalimentación, organizados por el propio Becerra.

PREGUNTA – No se sabe si fue antes el huevo o la gallina. ¿La vuelta del grupo motivó la biografía o fue el amor de Javi Becerra por Los Eskizos clave para su regreso?
RESPUESTA – El libro surgió el mismo día que me comunicaron que iban a volver al escenario. Lo hicieron porque muchos comentarios y reacciones le hicieron tilín, demostrándoles veinte años después que los seguíamos teniendo en consideración. Yo simplemente era uno más de esos fans que los echaban de menos.

P – En Los Eskizos. Electricidad a contracorriente afirmas que eran el mejor grupo de su generación a raíz de su actuación den el Memorial Tato. ¿Sigues manteniendo esta idea?
R – Totalmente. Aquel día vestidos de traje y metiendo una caña tremenda deslumbraron. Y mantuvieron ese poder de seducción hasta el final. Para mí hubo que esperar a la llegada de Triángulo de Amor Bizarro -que, aclaro, no tienen nada que ver con ellos musicalmente- para recibir un estímulo igual de potente en la ciudad. De todos modos, son apreciaciones subjetivas. Seguro que a un heavy le afectó más Xudef Clas que Los Eskizos. O la gente que estaba en el tema bravú flipó con Os Diplomáticos de Monte Alto. Según mi corazón juvenil, los mejores eran Los Eskizos. Hoy dice lo mismo. ¿Cómo si no me voy a tirar seis meses escribiendo sobre ellos?

Los Eskizos. Electricidad a contracorriente

P – ¿Qué supuso la llegada de Los Eskizos al panorama musical coruñés? ¿Qué era lo que los hacía únicos y que contasen con fieles como tú?
R – Una nueva dirección. Hoy en día ir por el camino de Stooges o Mc5 es algo muy trillado y está al alcance de cualquier. Esta tarde en la Fnac presencié una escena que me hizo pensar: una chica de unos 14 años, con cara de buena y uniforme de colegiala estaba en la cola con un hombre que parecía su padre. Él le enseñaba lo que acaba de comprar: un recopilatorio de Iggy Pop. “¡Qué guay!”, decía ella. Los dos sabían de lo que estaban hablando: Iggy Pop es un tema familiar en 2015. En 1992 algo así resultaba imposible para la gran mayoría de los adolescentes. Entrar en los Stooges era como acceder a un mundo nuevo con un código secreto. Iggy Pop salía ensangrentado en la portada del Ruta 66 y te quedaban los ojos como platos. Para muchos el modo de acceder ahí fue a través de Los Eskizos. Es como si se tratasen de los embajadores de ese otro rock en una pequeña ciudad de provincias. Pero, por supuesto, no fue solo repescar a grupos guays. Ellos hacían realmente bien: mostraban algo por lo que apasionarte de verdad, en lo que militar y en lo que proyectarte. Parecían tocados por una varita mágica.

P – En el libro sitúas el punto de partida de su regreso en un reportaje publicado en La Voz de Galicia con motivo del 15 aniversario de su último concierto, en el Noroeste Pop Rock de 1992. Dos décadas después, y tras la puesta de largo en la Mardi Gras el pasado mes de junio, han vuelto a tocar sobre el escenario de Riazor. ¿Qué pasó en todo este tiempo?
R – En cierto modo, ese reportaje que hice junto a Fernando Molezún hizo que se despertase el fantasma. Era 2007. Los llamamos para conmemorar la efeméride y ellos se quedaron sorprendidísimos. No tenían ni idea del aniversario ni nada. Pero pronto vieron que se trataba de algo muy sincero, que habían tenido una influencia muy grande en nuestra vida. Pero todo se quedó ahí. Yo nunca pensé que se iban a reunir. Mi ilusión iba más por la idea de recuperar su material antiguo. No solo sus temas editados, sino maquetas, grabaciones en directo y material audiovisual. Incluso pensé en sacarlo yo. Daba perfectamente para una caja recopilatoria con dos cedés, un deuvedé y un extenso libreto. Al final se quedó en algo mucho más modesto, con la compilación de Mushroom Pillow. Cuando ese disco salió a la venta y no hubo reunión, para mí quedaba claro que su no era definitivo. Era el momento perfecto para hacerlo, con un sello potente haciéndoles la promo. Pero Los Eskizos siempre tuvieron un modo muy particular de interpretar sus oportunidades. Al final volvieron cuando no había ninguna palanca promocional. Lo hicieron en un ciclo modesto como Los conciertos de Retroalimentación. Pero, en cierto modo, es lo que se esperaba de ellos. Para mí fue un orgullo. Luego, verlos en el Noroeste Pop Rock, un acto de justicia. Afortunadamente, la historia continúa.

Los Eskizos en el Memorial Tato.

Los Eskizos en el Memorial Tato.

 P – ¿Por qué se pedía su regreso? ¿Qué les motivo a no hacerlo, la negativa de Pedro?
R – La gente quería volver a sentir aquella electricidad. Quien vivió y sintonizó con los conciertos que dieron entre 1991 y 1992 sabía que Los Eskizos tenían una magia especial, algo que te sacudía por dentro y te hacía experimentar un placer roquero muy particular. Como suele pasar en estos casos, no se sabía muy bien si nos encontrábamos ante una sensación idealizada de juventud o algo real. La vuelta confirmó lo segundo. Quienes asistieron al concierto de la sala Mardi Gras y terminaron dejándose la garganta cantando I Wanna Be Your Dog pueden dar fe de ello perfectamente. Respecto al por qué no volvieron antes, pues sí, era por la postura de Pedro. No se veía seguro en su día y se echó a atrás cuando ya habían hecho algún ensayo. Mejor que no lo hiciera, porque volver y flojear derribaría el mito en cierto modo.

P – Por lo que leemos, parece que Los Eskizos despertaban amor y odio a partes iguales. Por un lado, mucha gente pedía su regreso. Otros, como Nonito Pereira, afirman que “estaban sobrevaloradísimos”. De hecho la última incorporación, el bajista Iago Alvite, pasa por alto un concierto que el grupo define como uno de los mejores que ha hecho, Coruña Moito Rock. ¿En qué quedamos?
R – Sí, pero desgraciadamente esas reacciones de odio son bastante frecuentes en esta ciudad cuando algo sobresale un poco. Le pasó a Xoel López, le pasó a Triángulo de Amor Bizarro, le pasó a Jane Joyd, le está pasando a Srssrsra… Curiosamente, le pasa a todos los que trascendieron un poco más allá. Las críticas siempre son las mismas: que si son pijos, que si no saben tocar, que si el padre de fulano es no sé quien, que si salen puestos a tocar y no dan ni una, que si no aportan… A ese respecto resultan bastante clarificadoras las palabras de Fernando Pardo de Sex Museum describiendo el ambiente musical coruñés de los primeros noventa como una tierra de cuchilladas, malos rollos y rajes por la espalda sin fin. Hasta desde Madrid se veía eso. Al margen, están las opiniones negativas. Tanto Nonito como Iago Alvite consideran o consideraban que la cosa no era para tanto. Muy bien. Lo explican desde un punto de vista musical y razonado. Eso creo que es positivo: el autobombo patriótico también es malo. No me parece el típico “raje” personal que se estila por estos lares. Alguna vez me he llegado a sonrojar viendo como los músicos hablan de otros músicos, despellejándose por temas personales para intentar influir en que tengas una visión negativa. No hay un crítico musical que llegue a ese nivel de crueldad o mala baba.

P – En el libro encontramos una serie de fotografías amateur y extensa documentación ¿Cómo fue el proceso de elaboración de la biografía? ¿Qué datos o experiencias querías resaltar?
R – Yo quería hablar del grupo y de un momento musical de la ciudad. Los Eskizos fueron algo más que una banda que hizo buenas canciones. Crearon un escena a su alrededor que iba más allá de la música y que dejó una larga descendencia. Por ello quise hablar con mucha gente y situar en su contexto cada cosa. No es lo mismo, por ejemplo, haber sido mod en 1989 que serlo hoy en día con el acceso a la información que existe. Tampoco manejar referencias como John’s Children, Scientists o Grand Funk en aquel momento. Además de ello, pretendía transmitir emoción: lo que se vivía en esos conciertos, lo excitante que era hacer lo que ellos hacían y la sensación de que esa generación vivió algo único. Y, bueno, hablar de música. En todo momento quise evitar que el libro se convirtiera en una sucesión de anécdotas internas, salvo que estas tuvieran algún tipo de reflejo en la música.

Los Eskizos

P – ¿Cómo vivieron Los Eskizos la elaboración de la biografía?
R – Entusiasmados y muy agradecidos de que alguien se embarcase en esa aventura. Les hice varias entrevistas extensas a cada uno de ellos y salieron un montón de cosas que o no recordaban o, directamente, desconocían. En todo momento los vi orgullosos de lo que hicieron y muy contentos de, 22 años después, seguir siendo colegas y capaces de juntarse en un local de ensayo a roquear. Ninguno quiso influenciarme sobre lo que había o no había que poner y, al final, creo que todos disfrutamos bastante de hablar y explicar lo que pasó.

P – Escribe Molezún en el prólogo que la banda  “es la historia de una ciudad que fue mucho más divertida y apasionante de lo que es. Desde el año 1992 hasta el día de hoy, ¿qué grupos han marcado para ti un hito en la escena musical coruñesa? Es más, ¿hay escena?
R – Buff, tema delicado. Hay bandas, pero creo que no hay “escena” en el sentido de que exista un movimiento articulado alrededor de algo común. Pero eso a mí tanto da. Lo de las escenas suelen ser maniobras de marketing para darle más importancia a un movimiento de la que realmente tiene. Generalmente las crean los periodistas, aunque aquí en A Coruña hubo un tiempo en el que las intentaban promover los propios músicos y, lo peor, se enfadaban si los críticos no seguían el rollo. Al final, lo importante es que haya buenos grupos y, en los últimos años, los ha habido. Jane Joyd, Moondogs Blues Party, Srasrsra, One Of These Days, Elvis Negro, Lendrone, Combo Dinamo, Bala o Wolrus son algunos de los que me vienen a la cabeza. En la época de Los Eskizos no había tantos grupos que me entusiasmasen. No comparto lo que dice Molezún. Seguramente era todo más divertido porque éramos más jóvenes y con más ganas de divertirnos. Respecto a los hitos me quedo obviamente con Triángulo de Amor Bizarro, que puede que sean el mejor grupo de indie-rock de España. Y, bueno, lo que hace ahora Xoel López me parece excepcional. Deluxe nunca me gustó, pero “Atlántico” pienso que es obra maestra no reconocida del todo. O, al menos, no tanto como se debería reconocer.

P – Hace ahora casi un año mantuvimos una conversación contigo y con Bea Camiña (por aquel entonces Tanaka Music, hoy en día Actriz Music) en la que hablamos no solo de bandas, sino del papel del crítico musical. ¿Cómo lleva las críticas un crítico?
Bien, ¡qué remedio! Si me dedico a opinar sobre la obra de los demás, no me puedo molestar cuando opinan sobre lo que escribo yo. Aunque, bueno, no creo que un texto de un crítico sea un acto creativo equiparable a una canción. A mí me han metido caña, unas veces de manera certera, otras en las que que me parecía que no. Luego están los fans irracionales que no admiten que nadie cuestione sus bandas y se ponen furiosos. Tanto da que sean de Wilco, de Edurne o de Muse. Son unos fundamentalistas que parecen ultras de fútbol. Pero, en general, creo que más o menos lo he llevado bien. Entiendo que si digo que Los Planetas son el mejor grupo de la historia del pop en España, me declaro fan incondicional de los cuatro primeros discos de Mecano, considero el “Volumen Brutal” de Barón Rojo una genialidad, flipo con Lisabö y, al tiempo, escribo una biografía de Los Eskizos en el tono en el que la he escrito haya quien no lo pille y diga: “Este tío, no tiene ni puta idea y no tiene criterio” y aproveche para hacer un chiste. Pues nada, cuando ocurre, se apechuga con ello. Seguro que encontrará un crítico que le guste más. Eso sí, lo de perder el tiempo trolleando en Internet no lo entiendo.

R – Te preguntaba al inicio que pasó en estas dos décadas en la vida de Los Eskizos. Y, para Javi Becerra, ¿qué cambió desde entonces?
Pues para mí ha pasado algo inaudito: pasar de ser un fanzinero coruñés que no veía ni la más remota posibilidad de dedicarme profesionalmente a escribir sobre música a vivir del periodismo, trabajando en el periódico que se leía en mi casa de toda la vida. También que llevo años intentando volver a ser tan puro e impresionable a la hora de acercarme a la música como entonces. En teoría aprendes con el tiempo y formas un criterio. Pero, después de leer tantas revistas y tantos libros, en cierto modo te contaminas de reglas, normas y opiniones. Lo único que hacen es impedir que se establezca esa conexión pura entre el oyente y el músico, que es de lo que se trata, o debería tratar, todo. Un poco en broma, un poco en serio, suelo decir ahora que el mejor criterio es la falta de criterio. En cuanto ves los conciertos desde la barra y ya haces críticas con toque cínico-cachondo-hiriente en las que demuestras que ya sabes algo, vas por el mal camino. En cierto modo, este libro también ha servido para recuperar muchas de esas sensaciones. He vuelto a escuchar a The Stooges, por ejemplo. Y te preguntas: ¿cómo es que no escucho esto todas las semanas a todo volumen en vez de la cantidad de bazofia que entra en casa por aquello de estar al tanto de lo que sale?

P – ¿Para cuándo otro especial de Los Eskizos en Los Conciertos de Retroalimentación?
R – Ya tuvimos el año pasado el concierto de reunión, pero no me importaría volver a repetir. Ya se verá

Javier Becerra dedicando "Los Eskizos. Electricidad a contracorriente".

Javier Becerra dedicando “Los Eskizos. Electricidad a contracorriente”.

P – Finalicemos con un test rápido. ¿Qué libro tienes en la mesilla?
R – Mamá quiero ser dj, de Eme; Pequeño Circo, de Nando Cruz; y La fiesta de la insignificancia, de Milán Kundera. Los dos primeros los leo a la vez por curro. El tercero espera su turno, pero solo por placer.

P – ¿Cuál es tu rincón de A Coruña preferido?
R – Últimamente, los jardines de Méndez Núñez. La parte central, la de los árboles.

P – ¿Qué no puede faltar en la vida de un crítico musical?
R – Curiosidad

P – Critica, brevemente, el último disco que has comprado.
R – Esta misma tarde me he hecho con Chet Baker Sings, un triple cedé con las grabaciones vocales del genial trompetista. Lo estoy escuchando mientras escribo esto y, aunque creo que me gustan más sus discos instrumentales, esto también me parece una joya.

P – Qué grupo (s) te gustaría volver a programar en Los Conciertos de Retroalimentación, y cuál te gustaría poder programar algún día.
R – A Triángulo de Amor Bizarro, que son al ciclo lo que Shellac al Primavera Sound. Me gustaría que viniesen todos los años porque me flipan. A ellos, por ahora, parece que también. Y me encantaría que tocasen los compostelanos Das Kapital antes de que se disolviesen definitivamente, porque es otro grupo que me apasiona.

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