Cinco razones para leer a Moebius

El Club de Lectura de Alita Cómics despide la temporada con un homenaje a uno de los dibujantes más importantes de la historia. Aquí te dejamos cinco razones por las que deberías leer a Moebius.

Este jueves el Club de Lectura de cómics de la tienda Alita Cómics de A Coruña (C/Orzán, 94) despedirá la temporada a partir de las 19:00 horas de la mano de su coordinador, este humilde servidor que os escribe, con una sesión muy especial en la que, además de una pequeña merienda, los asistentes podrán disfrutar de una charla en la que participará como invitado de honor el artista internacional afincado en la ciudad Xurxo G. Penalta (Marvel, DC, Dark Horse, Image), centrada en la vida y obra de uno de los más grandes dibujantes de todos los tiempos: Moebius (1938 – 2012).

Moebius Club Lectura

Hablar de Jean Henri Gaston Giraud, el nombre real de Moebius, es hablar de un icono de la cultura cuyo trabajo, tanto bajo un pseudónimo como con otro, le llevó a estar calificado en vida por los medios de su país como uno de los “nuevos filósofos franceses”. Los participantes del Club de Lectura han podido disfrutar en las últimas semanas de algunas de las obras más importantes de este autor, en la recta final de la exitosa iniciativa de Alita Cómics en la que durante meses un grupo de aficionados han repasado todo tipo de propuestas procedentes de todos los rincones del mundo del cómic. Pero… ¿por qué fue tan importante Moebius y por qué es importante que en un lugar como el Club de Lectura de Alita Cómics se le haga este homenaje y reivindicación? Aquí os traemos la respuesta, en cinco razones de porqué este maestro de maestros supuso un antes y un después en el mundo del arte secuencial. Un aperitivo perfecto de lo que podréis encontrar en la charla de este jueves.

1. Por su estilo siempre cambiante

El cómic es un arte muy subjetivo, como prácticamente cualquier arte. Si, es una manera un poco curiosa de empezar este decálogo pero no hay otra forma. Y es que incluso aquellos dibujantes menos academicistas, aquellos que nunca respetan las reglas de la narrativa, las medidas del cuerpo humano o los límites de la física, incluso esos, tienen aficionados. Pero… ¿qué sucede cuando eres un absoluto genio capaz de adaptarte a casi cualquier estilo y contexto? Pues que eres capaz, como el autor que nos ocupa, de hacer series como Teniente Blueberry de forma realista y rigurosa, con un una fidelidad histórica casi obsesiva, bajo el nombre de Jean Giraud. Y al mismo tiempo, pasar del dibujo sintético y caricaturesco al estilo más recargado y detallista en las páginas de El Garaje Hermético, bajo el nombre de Moebius. Dos nombres, dos caras de la misma moneda, siempre cambiantes, experimentales, buscando los límites del arte secuencial y sus posibilidades gráficas. Fue precisamente El Garaje Hermético la obra que más le marcó en este sentido. Publicada entre 1976 y 1979 en la revista Métal Hurlant, y recopilada en años posteriores en diversas ediciones en formato álbum, se trata una historia basada en la improvisación, que Moebius escribía a medida que se publicaba y en la que volcó todas sus inquietudes artísticas además de realizar multitud de homenajes al género de los superhéroes y de la ciencia-ficción. Supone también el debut de su protagonista y uno de los personajes más conocidos del maestro francés, el Mayor Grubert.

moebius

2. Por trascender con Teniente Blueberry

Puede que a día de hoy el western, en cualquiera de sus versiones, sea un género prácticamente extinto, pero en 1963 el “salvaje oeste” era aún un gran reclamo de visitantes para los Estados Unidos, un lugar exótico en el que muchos guionistas de cómic, cine y televisión encontraron inspiración. Uno de ellos fue el escritor francés Jean-Michel Charlier que, tras un viaje a Norteamerica, propuso a su colaborador habitual Jijé el realizar un western. Jijé rechazó el proyecto por incompatibilidad (en esos momentos se encargaba de Spirou para la competencia), pero recomendó a su joven protegido, un tal Jean Giraud, que se hiciese cargo de ilustrar su idea. Blueberry comenzó a publicarse en 1963 bajo el título Fort Navajo en la legendaria revista Pilote, un título que posteriormente sería reutilizado para nombrar al primer álbum recopilatorio de la serie protagonizada por este soldado en la época de la Guerra de Secesión. Desde aquella primera historia el equilibro entre su equipo creativo, la buena sintonía entre ellos, fue patente. Se divertían con lo que hacían, tanto que Blueberry se desarrollaría con ambos de manera casi ininterrumpida hasta 1989, año de la muerte de Charlier. A partir de entonces el propio Giraud se encargaría del guión de la serie, e incluso de sus spin-off, precuelas y secuelas. Todo un universo de ficción que se ha convertido en un referente de su género, apoyado siempre por una cuidadisima documentación histórica y un siempre sorprendente desarrollo que aún hoy en día, pese a la cantidad de tiempo transcurrido, es disfrutable. Fue con esta obra con la que Jean Giraud se dio a conocer a todo el mundo, ortorgándole una visibilidad inmensa que le ayudó además a comprender las técnicas y mecanismos narrativos y artísticos que serían parte fundamental de su carrera. Si sois de los nostálgicos de Tintin y Astérix, Blueberry es sin duda la otra pieza que os falta en vuestras estanterías. No lo dudéis.

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3. Por ser uno de los padres de la ciencia-ficción moderna

Aunque no te sonase el nombre de Moebius o Jean Giroud antes de leer este artículo, estamos seguros de que si que te suenan, a poco que conozcas un poco la cultura popular y el cine, títulos como Blade Runner, Star Wars, Alien, Tron, Willow o The Abyss. Estos son algunas de las películas más importantes de la historia de la ciencia-ficción y fantasía moderna, películas en las que Moebius influyó de manera directa (como diseñador de algunas de ellas) o indirecta gracias a obras como The Long Tomorrow, realizada junto al guionista Dan O’Bannon . Se trata de apenas 16 páginas de viñetas con las que ambos autores dejaron una huella muy profunda en la mente de cineastas como Ridley Scott, George Lucas o Steven Spielberg. Su influencia llegó tan lejos que Moebius incluso tendría años más tarde problemas legales con el director de El Quinto Elemento, Luc Besson, que plagió claramente algunos de sus diseños para el film, otro de los grandes del genero en el siglo XX. La máxima aportación sin embargo del dibujante a la ciencia-ficción nunca saldría a la luz: en la década de 1970 se unió a un equipo comandado por su amigo, el polifacético Alejandro Jodorowsky, formado por Orson Welles, Salvador Dalí, Chris Foss, Pink Floyd y H.R. Giger, en un proyecto que trataba de adaptar la archiconocida Dune, la obra de Frank Herbert. El proyecto sufrió innumerables retrasos y fue cancelado y sustituido por otro dirigido por David Lynch, aunque un documental ha recuperado recientemente material de la idea de Jodorowsky . También con Jodorowsky crearía una de sus obras más famosas dentro de esta temática, El Incal, en la que un curioso detective llamado John Difool inicia su propia odisea cósmica en la busca de “la iluminación”. Al igual que Teniente Blueberry acabó convertida en una auténtica saga de éxito, con multitud de añadidos que se publicaron entre 1980 y 2001.

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4. Por ser reclamado por el mismísimo Stan Lee

Bueno, no exactamente, pero si hay algo que es sinónimo de Marvel es Stan Lee… ¿o no sale este adorable anciano, por ejemplo, en prácticamente todas sus películas, cual símbolo constante? El caso es que en 1984 la popularidad de Moebius en Europa era indiscutible. Tanta, que llamó la atención de la que es probablemente, con permiso de DC Cómics, la editorial más famosa del mundo: Marvel Cómics. Marvel vivía en esos momentos un periodo dulce, justo antes del boom de los años 90 y, en su intento de diversificar sus áreas de ventas, compra ese año los derechos de publicación de todas las obras del francés. Moebius desembarca así en Estados Unidos a través de la línea Epic de la Casa de las Ideas, pero no sería hasta 1988 cuando la colaboración entre ambos titanes del cómic mundial llegaría a su clímax. Y es que la editorial norteamericana pensó que sería una genial idea unir en un mismo trabajo al mencionado Stan Lee, el padre (junto a un sinfín de dibujantes) del Universo Marvel, y al artista francés. Nació así Estela Plateada: Parábola, un cómic dividido en dos partes que tuvo una edición con papel y cubiertas de gran calidad, pero que mantenía el tamaño comic-book propio del mercado USA a petición expresa de Moebius (aunque sería reeditado posteriormente en formato álbum). En él, el atormentado personaje se enfrentaba en una línea alternativa a su creador, Galactus, el Devorador de Mundos. Era por tanto la última historia de un personaje convertido, al igual que el artista que nos ocupa, en icono cultural. Moebius, por azares de la edición francesa de los cómics Marvel, había crecido con las aventuras de Estela Plateada (Silver Surfer) y Los 4 Fantásticos en la misma colección, por lo que cuando le preguntaron qué personaje Marvel le gustaría ilustrar, no lo dudó un segundo. Había cumplido de este modo uno de sus sueños: dibujar al mismo personaje Marvel que había cobrado vida a través del trazo de los legendarios Jack Kirby y John Buscema.

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5. Por Inside Moebius

Hemos hablado de Jean Giraud y de Moebius. El mismo autor, dos entidades, el mismo genio. Pero (y emulando al inicio de este decálogo), ¿qué ocurre  cuando es el propio autor cuando habla de sí mismo, cuando se refiere a sí mismo y su trayectoria? La experimentación artística ha sido, como el lector ha podido comprobar ya, una de las grandes señas de identidad del maestro, y no podíamos terminar este artículo sin hacer referencia al que es, junto Arzak el vigilante, el canto de cisne de su carrera: los tres volúmenes de la colección Inside Moebius. Seamos claros: lo hemos dejado para el final porque, aunque es una genialidad, es muy posible que este sea el punto que menos atractivo pueda despertar entre el público potencial. ¿Por qué? Porque Inside Moebius es puro Moebius. Y algo puro Moebius no está hecho para todos los públicos. Es autoreferencial y egocéntrico . Una obra hecha por y para satisfacer el ego de su autor, un genio único al que se le perdona hasta este ejercicio de autocomplaciencia. En ella vemos como el propio Moebius se encuentra con los personajes que ha creado a lo largo de su trayectoria, una especie de relato pseudo-autobiográfico en el que realiza un más que voluntario homenaje a Federico Fellini y en el que hay cabida también para la auto crítica y, sobre todo, el humor. La influencia de Jodorowsky es más que evidente en unas historias de gran belleza plástica, no exentas de un alto grado de improvisación pero, sobre todo, no exentas del arte de un mito que merece ahora más que nunca ser reivindicado.

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